Primeros acordes de la banda de música, los inevitables nervios entre los comisionados, y un leve barullo cuando los bomberos hacen su aparición.
Ya ha llegado el momento: la bellea enciende la mecha y se inicia la cremà.
Emoción, un toque de magia, y la diversión de la banyà. Sin duda, uno de los momentos más emotivos que se pueden vivir en Juan XXIII.
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